viernes, 21 de septiembre de 2012

¡LA CONCIENCIA ES LA PRESENCIA DE DIOS EN EL HOMBRE!



¡Es algo asombroso, maravilloso, que en todas partes del mundo, prácticamente en todas las culturas, aun en los sitios más remotos, cada persona parezca entender la diferencia entre el bien y el mal! Comprenden, saben que ciertas cosas son pecado, y tienen leyes que las prohíben. Los principios morales básicos de Dios son bastante universales. El Espíritu Santo es fiel y le habla a cada uno al corazón, advirtiéndole cuando actúa mal. La gente conoce la diferencia entre el bien y el mal. Tal vez no conozcan a su Señor, el Evangelio, la Verdad ni las Buenas Nuevas de la Salvación, ¡pero conocen la diferencia entre el bien y el mal! «Estos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia.» (Rom.2:14-15) Dios les da a todos al menos algo de luz, ¡y juzgará a cada uno según haya obedecido esa luz que Él le dio!
Dios creó al hombre como un ser libre. Nos da a cada uno el atributo soberano de escoger entre el bien y el mal, de obedecer la voz guiadora de Dios, u obedecer la voz del Enemigo, del Diablo mismo. ¿Qué eliges ? ¡A quién estás siguiendo?

¡SIGUE CREYENDO!



Muchos de nosotros hemos pasado por áridas y desoladoras experiencias, hemos vagado por las yermas soledades de este mundo, sintiéndonos perdidos y aparentemente separados de Dios mismo.
Si te encuentras en esa situación, en vez de lamentarte por haber incumplido la Voluntad de Dios, ¡sigue creyendo y alabando al Señor! Y fortalece tu fe con Su Palabra. ¡Arrepiéntete y pídele a Dios que te perdone para que puedas tener otra oportunidad de alcanzar Su voluntad, lo mejor, lo óptimo que Él tenga para ti! ¡Es posible que, como el pájaro al que se le partió el ala, aún vueles más alto que antes!
¡No te rindas nunca, no desistas, nunca te desanimes! Tal vez perdiste la primera oportunidad, pero quizá no la última. ¡Sigue creyendo! «¡La tempestad debe terminar, y el arco iris saldrá al final, confía en Su promesa de amor, sigue creyendo y alaba al Señor!»
Pídele a Dios una nueva posibilidad, ¡y te enviará otra oportunidad de oro para animarte y hacerte avanzar con el poder de Su Espíritu hasta la gloriosa victoria de tu destino celestial! ¡Sigue aferrándote a Sus promesas! ¡Y pase lo que pase, sigue adelante por Jesús!

jueves, 20 de septiembre de 2012

LA OBEDIENCIA A LOS MANDATOS DE DIOS.



Porque he aquí, aconteció que el Señor habló a mi padre, sí, aun en un sueño, y le dijo: Bendito eres tú,  Lehi, por lo que has hecho; y porque has sido fiel, y has declarado a este pueblo las cosas que yo te mandé, he aquí, tratan de quitarte la vida.
Y sucedió que el Señor le mandó a mi padre, en un bsueño, que cpartiese para el desierto con su familia.
Y aconteció que fue  obediente a la palabra del Señor; por tanto, hizo lo que el Señor le mandó.
Y ocurrió que salió para el desierto; y abandonó su casa, y la tierra de su herencia, y su oro, su plata y sus objetos preciosos, y no llevó nada consigo, salvo a su familia, y provisiones y tiendas, y se dirigió al desierto.

LLAMADOS AL ARREPENTIMIENTO.


Mormón invita a los lamanitas de los postreros días a creer en Cristo, aceptar su evangelio y ser salvos—Todos los que crean en la Biblia creerán también en el Libro de Mormón. Aproximadamente 385 d.C.
Moroni llama al arrepentimiento a aquellos que no creen en Cristo—Él proclama a un Dios de milagros, que da revelaciones y derrama dones y señales sobre los fieles—Los milagros cesan por causa de la incredulidad—Las señales siguen a aquellos que creen—Se exhorta a los hombres a ser prudentes y guardar los mandamientos. Aproximadamente 401—421 d.C.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

¡SÓLO UNA VIDA QUE PRONTO PASARÁ! ¡SÓLO LO HECHO POR CRISTO QUEDARÁ!


Lo que se espera de cada cristiano es que sepulte su vida en la tierra del servicio a Dios y del sacrificio; que entregue su vida, que tome su cruz y siga a Jesús, y que lleve fruto, muchos cristianos más como él (Luc.9:23,24; Jn.15:8). Pues el mismo Jesús dijo: «¡Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto!» (Juan 12:24) ¡Si vamos y morimos cada día por el Señor, en Su servicio, tendremos mucho fruto; más cristianos como nosotros, para predicar el Evangelio a más perdidos y convertirlos al Señor, para que Él reciba mucho fruto!
¡Qué precio tan ínfimo el que se paga para recibir todo lo que Él ha prometido: bendiciones, felicidad, almas y eternidad! ¡Si te entregas por completo, Dios te recompensará de igual manera, es decir, te lo dará todo, e incluso cien veces más! (Mat.19:29) ¡No hallarás mejor inversión! ¡No hay inversión en este mundo que rinda tanto!
¿A qué te dedicas? ¿Para quién? ¿Lo que haces durará para siempre, para Jesús y los demás? ¡No desperdicies ni un día más! ¡Mañana podría ser tarde! ¡Cada día que pasa se va para siempre! ¿Dedicas ese tiempo tan valioso al Señor y a los Suyos? ¿A la eternidad?

¡Ayuda a un misionero si tú no puedes serlo!

¡Jesús nos dijo que debíamos «buscar primeramente el Reino de Dios»! (Mat.6:33) ¿Qué es el Reino de Dios? ¡Es toda la gente que lo ama y a quien Él ama! ¡Si el Reino de Dios es gente, entonces nuestro deber es testificar y ganar almas, o ayudar a otros a ganarlas!
¡Ayudar a Su gente es lo mismo que ayudar a Su Reino! ¡Y para ayudar a Su gente el Señor lo hace a través de nosotros! A Dios le gusta valerse de
las personas para que éstas también sean bendecidas y participen de Su Obra y de Sus frutos, y reciban parte de 

«TOMAD, COMED; ESTO ES MI CUERPO QUE POR VOSOTROS ES PARTIDO.» (1COR.11:24)


 Él pan que tomamos en la comunión representa el cuerpo de Jesús. Es una ilustración de nuestra salvación física. Su cuerpo fue partido por nosotros de varias maneras. La corona de espinas, los golpes, los azotes, las heridas que sufrió, el dolor que padeció. No estaba obligado a padecer todo eso por nuestros pecados. Lo único que tenía que hacer era derramar Su sangre y morir por ellos. Pero Su cuerpo padeció para que así pudiera expiar también nuestras enfermedades: «¡Por Su llaga fuimos nosotros curados!» (Isa. 53:5) Tuvo que dar Su cuerpo para salvar los nuestros. ¡La mejor medicina del mundo es el cuerpo de Jesucristo, que fue quebrado para nuestra sanidad! Al tomar el pan demuestras que tienes fe en que Su cuerpo fue partido para tu salud, así que reclámala por fe cuando lo tomes. Si lo tomamos por fe, nos curamos por fe. Es parte de Su expiación para lograr la salvación de la totalidad del hombre: el cuerpo, el alma y el espíritu. Gracias, Señor, por este pan que representa Tu cuerpo partido por nosotros y por nuestra salud física. Ya que Tu cuerpo fue partido para nuestra curación, danos fe para tomarlo teniendo conciencia de ello. ¡En el nombre de Jesús, amén!

martes, 18 de septiembre de 2012

PALABRAS DEL REY BENJAMÍN, A SU PUEBLO




Os digo, mis hermanos, que si diereis todas las gracias y alabanza que vuestra alma entera es capaz de poseer, a ese  Dios que os ha creado, y os ha guardado y preservado, y ha hecho que os regocijéis, y os ha concedido que viváis en paz unos con otros,
Os digo que si sirvieseis a aquel que os ha creado desde el principio, y os está preservando día tras día, dándoos aliento para que podáis vivir, moveros y obrar según vuestra  propia voluntad, y aun sustentándoos momento tras momento, digo que si lo sirvieseis con toda vuestra alma, todavía seríais servidores inútiles.
Y he aquí, todo cuanto él os requiere es que guardéis sus mandamientos; y os ha prometido que si  guardáis sus mandamientos, prosperaréis en la tierra; y él nunca  varía de lo que ha dicho; por tanto, si  guardáis sus mandamientos, él os bendice y os hace prosperar.
Y ahora bien, en primer lugar, él os ha creado y os ha concedido vuestras vidas, por lo que le sois deudores.
Y en segundo lugar, él requiere que hagáis lo que os ha mandado; y si lo hacéis, él os  bendice inmediatamente; y por tanto, os ha pagado. Y aún le sois deudores; y lo sois y lo seréis para siempre jamás; así pues, ¿de qué tenéis que jactaros?
Y ahora pregunto: ¿Podéis decir algo de vosotros mismos? Os respondo: No. No podéis decir que sois aun como el polvo de la tierra; sin embargo, fuisteis  creados del  polvo de la tierra; mas he aquí, éste pertenece a quien os creó.
Y ni yo, sí, yo, a quien llamáis vuestro rey, soy mejor de lo que sois vosotros, porque soy del polvo también. Y veis que he envejecido, y que estoy para entregar esta forma mortal a su madre tierra.