lunes, 17 de septiembre de 2012

FE EN EL SEÑOR JESUCRISTO.


Moroni llama al arrepentimiento a aquellos que no creen en Cristo. Él proclama a un Dios de milagros, que da revelaciones y derrama dones y señales sobre los fieles. Los milagros cesan por causa de la incredulidad. Las señales siguen a aquellos que creen. Se exhorta a los hombres a ser prudentes y guardar los mandamientos. Aproximadamente 401. 421 d.C.
Se le manda a Moroni sellar los escritos del hermano de Jared. No serán revelados sino hasta que los hombres tengan fe aun como la del hermano de Jared. Cristo manda a los hombres creer en sus palabras y en las de sus discípulos. Se da a los hombres el mandamiento de arrepentirse, creer en el evangelio y ser salvos.

JESUCRISTO VOLVERÁ.


Y aconteció que después que Alma les hubo hablado estas palabras, se sentó en el suelo, y  Amulek se levantó y empezó a instruirlos, diciendo:
Hermanos míos, me parece imposible que ignoréis las cosas que se han hablado concernientes a la venida de Cristo, de quien nosotros enseñamos que es el Hijo de Dios; sí, yo sé que se os enseñaron ampliamente estas cosas antes de vuestra disensión de entre nosotros.
Y como le habéis pedido a mí amado hermano que os haga saber lo que debéis hacer, a causa de vuestras aflicciones; y él os ha dicho algo para preparar vuestras mentes; sí, y os ha exhortado a que tengáis fe y paciencia;
sí,  a que tengáis la fe suficiente para plantar la palabra en vuestros corazones, para que probéis el experimento de su bondad.
 Y hemos visto que el gran interrogante que ocupa vuestras mentes es si la palabra está en el Hijo de Dios, o si no ha de haber Cristo.
 Y también habéis visto que mi hermano os ha comprobado muchas veces, que la apalabra está en Cristo para la salvación.
Mi hermano ha recurrido a las palabras de Zenós, de que la redención viene por medio del Hijo de Dios; y también a las palabras de Zenoc; y también se ha referido a Moisés, para probar que estas cosas son verdaderas.
 Y he aquí, ahora yo os testificaré de mí mismo que estas cosas son verdaderas. He aquí, os digo que yo sé que Cristo vendrá entre los hijos de los hombres para tomar sobre sí las transgresiones de su pueblo, y que expiará los pecados del mundo, porque el Señor Dios lo ha dicho.
Porque es necesario que se realice una  expiación; pues según el gran  plan del Dios Eterno, debe efectuarse una expiación, o de lo contrario, todo el género humano inevitablemente debe perecer; sí, todos se han endurecido; sí, todos han  caído y están perdidos, y, de no ser por la expiación que es necesario que se haga, deben perecer.
Porque es preciso que haya un gran y postrer  sacrificio; sí, no un sacrificio de hombre, ni de bestia, ni de ningún género de ave; pues no será un sacrificio humano, sino debe ser un  sacrificio infinito y eterno.
Y no hay hombre alguno que sacrifique su propia sangre, la cual expíe los pecados de otro. Y si un hombre mata, he aquí, ¿tomará nuestra ley, que es  justa, la vida de su hermano? Os digo que no.

domingo, 16 de septiembre de 2012

¡ HERMANOS...HONREN EL DÍA DE REPOSO Y SANTIFIQUENLO!


Cuando se reúnan para adorar, todas las personas deben dejar atrás sus preocupaciones mundanales; entonces su mente estará en condición de adorar al Señor, dirigirse a Él en el nombre de Jesús y obtener Su Santo Espíritu a fin de que puedan comprender las cosas como son en la eternidad y cómo apreciar las providencias de nuestro Dios. Éste es momento para despejar la mente de modo que puedan percibir las cosas invisibles de Dios que Él revela por medio de Su Espíritu (DBY, 167).

Toda persona debe permanecer en silencio cuando nos reunimos aquí para adorar a Dios. Recuérdenlo y traten de mantenerse callados y no murmuren, no hablen ni restrieguen los pies (DBY, 167–168).

«¡AGUARDA AL SEÑOR!» (SALMO 27:14)




¿Cuál es el verdadero significado de «aguardar al Señor»? Pues bien, muchos parecen haber interpretado eso como que tienen que quedarse sin hacer nada esperando a que el Señor haga algo. Aguardan que Dios haga algo por ellos en lugar de con ellos. ¡No están aguardando a Dios! ¡Dios está aguardando a que ellos hagan algo!
¡Buscar la voluntad de Dios no quiere decir quedarse esperando sin hacer nada! Es hacer lo que puedas, lo que sepas que debes hacer. «Aguardar al Señor» es igual a lo que hacen los sirvientes que aguardan las órdenes de su señor. A esa clase de «aguardar» es que se refiere el Señor. «Aguarda al Señor» como lo haría un sirviente: ¡sirviendo al Señor, manteniéndoteocupado!
Es exactamente lo que hacemos para la casa de Dios: somos Sus sirvientes a cargo de Su casa, de Sus hijos. Los alimentamos y vestimos espiritualmente y nos hacemos cargo de los recién nacidos, y Él ciertamente está agradecido de nuestra ayuda y nos admira por nuestro servicio. La imagen de aguardar al Señor es igual a la de los camareros que atienden al cliente, ¡aguardando sus órdenes y tratándolo como un rey que siempre tiene la razón! ¡Eso es servir al Señor, eso es aguardar al Señor, eso es ministrar al Señor y a los demás!

¡JESÚS ES LA PALABRA DE DIOS!




A Su propio Hijo Dios lo llama la Palabra; Su Palabra que Él nos da. ¿Qué es una palabra? Es un medio de comunicación. Una palabra es algo que uno dice. Tiene un significado. ¿Cuál es la Palabra de Dios? ¡Jesús!
Dios quería demostrarle Su amor al mundo, ¿y qué fue lo que hizo? El amor no se ve; a Dios no se le puede ver, ¡por lo tanto envió Su Palabra! ¡La pronunció en Jesús! ¡La mostró en Jesús! ¡La expresó en Jesús! ¡La comunicó en Jesús! ¡Jesús era todo eso! ¡Él era la expresión del amor de Dios; Él era el significado del amor de Dios; Él era la comunicación del amor de Dios; Él hablaba el amor de Dios; Él mostraba el amor de Dios; Él simbolizaba el amor de Dios; Él manifestaba el amor de Dios! ¡Él fue el mensaje personal de amor que Dios nos envió!
Lo primero que dice San Juan en su Evangelio es: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho» (Juan 1:13). Da la impresión de que Juan fue el único que llegó a captar el significado mayor y más profundo de Jesús, que Jesús era la Palabra de Dios, la expresión de Dios, el amor de Dios, ¡además de ser el Hijo de Dios!

sábado, 15 de septiembre de 2012

¡LLENA TU CORAZÓN Y MENTE DE LA BUENA VERDAD DE DIOS!



El Señor te ha dado la mejor computadora que se haya construido jamás: tu mente; ¡pero es asunto tuyo cómo la programes! De algo tiene que llenarse, sea bueno o sea malo, y tus reflejos están condicionados mentalmente para reaccionar de manera determinada según lo que hayas aprendido o experimentado. ¡Por eso es que difícilmente puede haber algo más importante que aprender de memoria la Palabra de Dios!
¡Dios mismo es como un gigantesco Centro de Datos, pudiéndose uno conectar a Él y recibir mediante Su poder y Su Espíritu toda la información, toda la sabiduría y las soluciones que necesite! ¡Si uno lee, estudia y memoriza Su Palabra con fidelidad, Él la desplegará por medio de Su Espíritu cuando haga falta! ¡La hará aparecer en tu pequeña computadora en cuanto hagas la conexión debida dentro de tu programación!
Una vez que has llenado tu corazón y tu mente con la Palabra de Dios, no tienes más que convertirte en un instrumento obediente y el Señor podrá ponerse frente al tablero y operar las teclas para obtener de ti toda la información que quiera, ¡puesto que ya tendrás almacenados en tu cabeza todos los datos necesarios, según la propia programación que le hayas dado a tu mente!

¡GRACIAS A DIOS POR EL ACEITE DE SU ESPÍRITU, QUE HACE ANDAR TODO SUAVEMENTE Y SIN FRICCIONES!



No hay cosa mecánica que funcione sin algún tipo de aceite o lubricación. Cuando las piezas móviles se rozan, se crea cierta fricción. La fricción genera calor, el calor origina fuego y el fuego hace que las piezas de la maquinaria se quemen, ¡que se consuman! ¡Pero el aceite que se derrama sobre las piezas de un mecanismo que rechina, se queja, gruñe y chirría, hace que esa parte del mecanismo se suavice y comience a funcionar sin quejas!
Nuestros espíritus, al igual que las máquinas, necesitan limpieza y aceite: ¡el lavamiento del agua pura de la Palabra, el aceite del amor y la paciencia del Espíritu Santo! ¡Sin el aceite del Espíritu Santo nos oxidaríamos o nos echaríamos a perder, o la fricción nos recalentaría, disminuiría nuestra velocidad o nos detendría! ¡Sin mantenimiento y lubricación adecuados, pronto nos volveríamos inútiles y Dios nos desecharía como chatarra!
Pero gracias a Dios, el aceite del Espíritu Santo lo lubrica todo: ¡nuestra cabeza, corazón y lengua, e incluso nuestros pies, para que vayamos a predicar el Evangelio! ¡Él vierte el Espíritu Santo y nos llena de arriba abajo cubriendo hasta la última pieza! ¡Gracias, Jesús! (Hechos 2:17,18)