jueves, 13 de septiembre de 2012

EJEMPLO A MIS HIJOS



HIJO mío, da oído a mis palabras, porque te juro que al grado que guardes los mandamientos de Dios, prosperarás en la tierra.
Quisiera que hicieses lo que yo he hecho, recordando el cautiverio de nuestros padres; porque estaban en el cautiverio, y nadie podía rescatarlos salvo que fuese el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob; y él de cierto, los libró en sus aflicciones.
Y ahora bien, ¡oh mi hijo Helamán!, he aquí, estás en tu juventud, y te suplico, por tanto, que escuches mis palabras y aprendas de mí; porque sé que quienes pongan su confianza en Dios serán sostenidos en sus tribulaciones, y sus dificultades y aflicciones, y serán enaltecidos en el postrer día.
Y no quisiera que pensaras que yo se de mí mismo; no de lo temporal, sino de lo espiritual; no de la mente carnal, sino de Dios.
Ahora bien, he aquí, te digo que si no hubiese nacido de Dios, no habría sabido estas cosas; pero por boca de su santo ángel, Dios me ha hecho saber estas cosas, no por dignidad alguna en mí.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

LAS BENDICIONES DE DIOS.


 Y ahora os pregunto: ¿Qué bendiciones grandes nos ha concedido? ¿Podéis decirlo?
 He aquí, respondo por vosotros; porque nuestros hermanos los laminitas se hallaban en la obscuridad, sí, aun en el más tenebroso abismo; mas he aquí, a ¡cuántos de ellos han sido guiados a ver la maravillosa luz de Dios! Y ésta es la bendición que se ha conferido sobre nosotros, que hemos sido hechos instrumentos en las manos de Dios para realizar esta gran obra.
He aquí, miles de ellos se regocijan, y han sido traídos al redil de Dios.
He aquí, el acampo estaba maduro, y benditos sois vosotros, porque metisteis la hoz y segasteis con vuestra fuerza; sí, trabajasteis todo el día; ¡y he aquí el número de vuestras gavillas! Y serán recogidas en los graneros para que no se desperdicien.
Sí, las tormentas no las abatirán en el postrer día; sí, ni serán perturbadas por los torbellinos; más cuando venga la tempestad, serán reunidas en su lugar para que la tempestad no penetre hasta donde estén; sí, ni serán impelidas por los fuertes vientos a donde el enemigo quiera llevarlas.
Mas he aquí, se hallan en manos del Señor de la cosecha, y son suyas, y las levantará en el postrer día.
¡Bendito sea el nombre de nuestro Dios! ¡Cantémosle loor; sí, demos gracias a su santo nombre, porque él obra rectitud para siempre!

UNA FORMA DE AVERIGUAR LA VOLUNTAD DE DIOS ES A TRAVÉS DE UNA SEÑAL, DE UN VELLÓN, DE UNA INDICACIÓN VISIBLE.



¡Poner un vellón es como hacer un trato con el Señor! Uno hace un acuerdo con Dios, le hace una propuesta. Uno pide una revelación específica. ¡Tal como hizo Gedeón!
Gedeón puso un vellón (piel de oveja) en el suelo y dijo: «¡Señor, si este vellón amanece mojado mañana, y todo el suelo seco, sabré que tal cosa es Tu voluntad!» El Señor lo hizo, pero Gedeón seguía inseguro, de modo que a la noche siguiente dijo: «¡Señor, si el vellón amanece seco y el suelo mojado, entonces lo creeré!» El Señor así lo hizo de nuevo, y Gedeón supo que Dios estaba de su parte. Si el Señor no hubiera obrado un milagro con el vellón, Gedeón habría podido desanimarse por completo y darse por vencido. ¡Pero cuando el Señor respondió, no quedó duda de que se trataba de un milagro! (Jue.6:36-40)
Cuando el Señor responde a un vellón, debes creer que Dios te ha hablado y que el resultado es la respuesta acertada. Si haces un trato con Dios, mejor será que cumplas tu parte, pase lo que pase. ¡Es tan importante que tú cumplas tu parte del trato y tu palabra, como que lo haga Dios! ¡Es una prueba de fe! Así que pon un vellón prudente, atente a él, ¡y sabrás que es Dios quien te responde!

SENTIR VERDADERO AMOR ES REPRESENTAR EL PAPEL PARA EL QUE DIOS TE HA CREADO.



Dios le dijo a Saúl: «Haré de ti otro hombre» (1Sam.10:6) También se lo dijo a David, e hizo un nuevo hombre de él. Lo convirtió en otra persona. En cierto sentido, se trata casi de representar un papel. ¡Pero cuando Dios te ha entregado un papel y tú eres capaz de hacerlo de todo corazón, con entusiasmo y verdadera inspiración del Señor, mediante el poder de Su Espíritu, te conviertes en esa creación divina!
Dios tiene Su propio plan. Dios tiene Su propia forma de hacer las cosas. Dios sabe lo que hace. Así que por el amor de Dios, deja que lo haga y acude a Él sólo para enterarte de lo que está haciendo y de lo que quiere que hagas tú. ¡Lo que debes evitar es no cumplir con el ideal de Dios, lo mejor y más importante que Dios espera de ti! El tren que te llevará hasta donde puedas lograr algo importante, ¡ese lugar particular que Dios te ha reservado en Su Reino!
Si estás dispuesto a ser lo que Dios quiere, no lo que ya eres, sino lo que Dios quiere, ¡entonces sí que le servirás de mucho! ¿Estás dispuesto, no a presentarle tu programa a Dios para que Él lo firme -ni siquiera a que Dios te presente el Suyo para que lo firmes tú-, sino a firmar una hoja de papel en blanco y dejar que Él la rellene sin saber siquiera cuál va a ser Su programa?

lunes, 10 de septiembre de 2012

¡TESTIFICAR ES UN SACRIFICIO!



Cierta mujer, cuando se le pedía que fuera a testificar, decía: «¡Ay, eso va a acabar conmigo!» Pues bien, es exactamente lo que debe hacer: acabar con tu orgullo, con tu ego, con tu amor propio y con tu egoísmo, y tal vez demandarte incluso considera­ble sacrificio y esfuerzo físico (V. Jn.12:24,25).
¡Testificar puede ser a veces peligroso! Uno se expone a sufrir persecución. ¡Pero a pesar de ello debemos hacerlo! Todos los primeros apóstoles murieron como mártires, así como muchos de los primeros cristianos, ¡pero a pesar de ello siguieron testificando con igual dedicación! ¡Sin embargo, cuando la Iglesia abandonó la arena del circo romano y empezó a acomodarse en las gradas, para evitar morir enfrentada a los leones, murió en ellas de vejez! ¡Es mejor morir como testigo en las fauces de los leones, que de viejo en la tribuna! ¡Jesús mismo prometió que si sufrimos con Él, también reinaremos con Él! (2Tim.2:12) ¿Reinarás ahora por un corto tiempo, y sufrirás mucho luego, o preferirás sufrir un poco ahora y reinar eternamente?
«¡Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que enseñan la justicia a la multitud como las estrellas a perpetua eternidad!» (Dan.12:3)

«¡MUCHAS SON LAS AFLICCIONES DEL JUSTO!» (SAL.34:19)


¿Las aflicciones de quién? No del impío, ¡sino del justo! «¡Pero el Señor le librará de todas ellas!» El Señor permite esas circunstancias como pruebas que fortalecen nuestra fe, para alcanzar victorias aún más grandes en lo que parecen derrotas. Hay cosas, como enfermedades, dificultades y problemas, que simplemente pasan para mantenernos aferrados al Señor. En otros casos, suceden para acercarnos unos a otros. A veces son para mantenernos humildes. Otras, para que oremos, la lectura del libro de mormón, la biblia. ¡Hay muchas razones por las que sufrimos problemas! Así pues, hasta los problemas y las tribulaciones nos hacen bien.
Cualquier cosa que Dios haga, la hace con amor. Además, «a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien» (Rom.8:28). Dios nunca dejará que a ti, un hijo Suyo que le ama, te suceda algo que no sea para tu propio bien. Por eso, aunque «muchas son las aflicciones del justo», el Señor te librará de todas ellas, ¡sin importar cuántas ni cómo sean! ¡De T-O-D-A-S; TODAS! Ni de algunas, ni de unas pocas, ni de la mayoría, ni de muchas, ¡sino de todas! ¡De todas ellas! Confía, pues, en que Dios te ayudará, conforme a Su Palabra.

domingo, 9 de septiembre de 2012

COMIENZA BIEN EL DÍA: ¡ESCUCHA AL SEÑOR!



Él Señor habla con una voz apacible y delicada, aunque muy clara, firme y amorosa. Pero si haces mucho ruido, no la escucharás. Si quieres escuchar al Señor, tendrás que quedarte a solas y en silencio en algún lugar, de algún modo y en algún momento. Si escuchas al Señor, Él resolverá muchos de tus problemas antes siquiera de empezar el día. Pero si te sumerges en todos tus problemas, dificultades y tareas sin detenerte a orar y recibir instrucciones de tu celestial Comandante en Jefe, ¡serás como un soldado que intentará librar una guerra por su cuenta, sin prestar atención a su comando central!
Cuando de veras quieras oírle, Él te hablará. No tiene por qué ser a viva voz, ni de forma audible. Puede que sólo sea con esa voz apacible y delicada que resuena en tu interior. A veces Dios ni siquiera utiliza palabras; te produce determinada impresión. Si crees de verdad y quieres escuchar al Señor, si se lo pides, no quedarás defraudado. Lo que escuches con tu espíritu es la voz del Señor, y será un gran consuelo para ti. ¡Confía en que Dios responderá!
¡Cada día debe ser una nueva oportunidad de escuchar la voz del Señor! ¡Puedes oír a Dios diariamente!