lunes, 6 de agosto de 2012
MATRIMONIO MORMÓN
Los únicos invitados son Dios, los novios (futuros esposos). Casi siempre los que presencian el matrimonio sólo son testigos especiales. La ceremonia es muy privada en sus templos y se reservan el derecho de admisión para estar presentes. Sólo pueden accesar cierto tipo de mormones. Cualquier familiar que no sea mormón, aún aunque sean los padres de los novios, si no son mormones. Dentro del templo los novios tienen que vestir de Blanco de cabeza a pies (Literalmente. En algunos casos las novias usan el mismo vestido de novia, siempre y cuando no lleve escotes y los hombros descubiertos. Los hombres visten ropas blancas normales para sus ritos en el templo, pero al salir usan cualquier tipo de traje.
POR EL AMOR DE DIOS, ¡NO ALABES AL HOMBRE! ¡ALABA A DIOS! ¡DALE A ÉL TODA LA GLORIA!
En la Torre de Babel, la gente dijo: «¡Nos haremos de un nombre! ¡He aquí, cuán
grandes somos, cuán portentosos y fuertes! ¡Somos una maravilla, lo más
grandioso! ¡No hay pueblo como nosotros!» Y olvidaron dar la honra a Dios. No
le dieron gloria a Dios y Él descendió contra ellos, los castigó, los esparció
y los arruinó por completo (Gén.11:1-9).
Uno de los mayores peligros que corres es comenzar a desarrollar un concepto demasiado elevado de ti mismo (Rom.12:3). En cuanto empieces a congratularte, Dios se encargará de humillarte para que dejes de hacerlo (1Cor.10:12). Él es un Dios celoso, quiere y merece toda la gloria, ¡y no dejará que se pongan otros dioses delante de Él! (Éxo.20:5; Isa.42:8)
«Lo que hagas, de palabra o de hecho, ¡hazlo todo para la gloria de Dios!» (1Cor.10:31; Col.3:17) Esa es nuestra oración: ¡poder complacer al Señor y que todo lo que hagamos, de palabra o de hecho, sea para Su gloria! Ayúdanos, Señor, para que todo lo que hagamos o digamos hoy, sea para Tu gloria. «¡Y lejos esté de mí jactarme, sino en mi Salvador, Jesucristo, nuestro Señor, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos!» (Gál.6:14)
Uno de los mayores peligros que corres es comenzar a desarrollar un concepto demasiado elevado de ti mismo (Rom.12:3). En cuanto empieces a congratularte, Dios se encargará de humillarte para que dejes de hacerlo (1Cor.10:12). Él es un Dios celoso, quiere y merece toda la gloria, ¡y no dejará que se pongan otros dioses delante de Él! (Éxo.20:5; Isa.42:8)
«Lo que hagas, de palabra o de hecho, ¡hazlo todo para la gloria de Dios!» (1Cor.10:31; Col.3:17) Esa es nuestra oración: ¡poder complacer al Señor y que todo lo que hagamos, de palabra o de hecho, sea para Su gloria! Ayúdanos, Señor, para que todo lo que hagamos o digamos hoy, sea para Tu gloria. «¡Y lejos esté de mí jactarme, sino en mi Salvador, Jesucristo, nuestro Señor, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos!» (Gál.6:14)
¡DIOS HACE GIRAR LOS ENGRANAJES DE SU UNIVERSO SOBRE COSITAS MUY PEQUEÑAS!
¡Los detallitos son muy importantes; no hay más que ver lo que produjo una
decisión equivocada en el Huerto del Edén; un solo barquito en medio de un
diluvio mundial; una torrecilla de Babel! Una piedrecita derrivó a un gigante;
un simple pesebre transformó el destino de la humanidad; un pequeño arreglo
económico tuvo como consecuencia la muerte del Salvador, ¡para que una fe
minúscula como una semilla de mostaza pudiera mover montañas! (Gén.3;7;11;
1Sam.17; Luc.2:7; Mat.26:14-16; 17:20)
Así pues, las cosas pequeñas son muy importantes. Y aunque ciertas cosas puedan parecernos insignificantes, ¡puede que para el Señor tengan mucha importancia! ¡Y es posible que Dios nos haga dar cuenta de ellas! ¡Muchas cosas que a nosotros pueden parecernos intrascendentes, no son tan insignificantes a los ojos de Dios!
Como en el caso de una conocida anécdota inglesa: «Por falta de un clavo, se perdió una herradura. Por falta de una herradura, se perdió un caballo. Por falta de un caballo, se perdió un rey. Y por falta de un rey, ¡se perdió un reino!» ¡Todo a causa de un insignificante clavito! ¡Así de importantes son los detallitos! Por eso dicen las Escrituras: «El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel» (Luc.16:10). ¡Presta atención, pues, a «los detallitos»! ¡No los menosprecies nunca!
Así pues, las cosas pequeñas son muy importantes. Y aunque ciertas cosas puedan parecernos insignificantes, ¡puede que para el Señor tengan mucha importancia! ¡Y es posible que Dios nos haga dar cuenta de ellas! ¡Muchas cosas que a nosotros pueden parecernos intrascendentes, no son tan insignificantes a los ojos de Dios!
Como en el caso de una conocida anécdota inglesa: «Por falta de un clavo, se perdió una herradura. Por falta de una herradura, se perdió un caballo. Por falta de un caballo, se perdió un rey. Y por falta de un rey, ¡se perdió un reino!» ¡Todo a causa de un insignificante clavito! ¡Así de importantes son los detallitos! Por eso dicen las Escrituras: «El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel» (Luc.16:10). ¡Presta atención, pues, a «los detallitos»! ¡No los menosprecies nunca!
sábado, 4 de agosto de 2012
FELIZ DÍA EN EL SEÑOR
Dios cumplirá en tí
todo lo que ha pensado hacer.
Pues Él mismo te hizo.
¡No te abandonará!
Salmo 138:8
PARA SER HUMILDE SE NECESITA GRANDEZA
Alégrate
si eres inteligente y aprendes con facilidad, agradece a Dios por ese talento,
pero se humilde, no te vanaglories ni mires con menosprecio a los débiles,
retardados y sencillos, nunca te creas superior a los demás, se humilde.
Tampoco confundas la humildad con la hipócrita bobería de los incapaces que
caminan cabizbajos, con cara de tontos y las garras escondidas. Aquellos que
hablan entre dientes, que no levantan la mirada, se sienten indignos, caminan
compungidos, no ríen ni se comprometen con nada porque se creen humildes,
esos son payasos, hojarascas podridas que el viento arrastra a su antojo, esas
caricaturas humanas son cobardes que se esconden en las sombras de la
apariencia para no enfrentar la vida con la hidalguía de los guerreros.
Los
humildes no fingen, conocen las fronteras de sus limitaciones, aceptan los
errores y no esconden los fracasos ni los miedos, saben que la arcilla es
frágil y muchas veces no resiste la crueldad de las tormentas; pero no se
escudan en las dificultades para evadir la responsabilidad, enfrentan con
valentía las equivocaciones y se esfuerzan para superar sus problemas; les
resulta difícil caminar, sin embargo, no duermen frustrados porque avanzan con
pasos lentos pero firmes.
¡DEJA QUE SE PREOCUPE EL SEÑOR!
Las dos causas principales de temor y preocupación son el pasado y el futuro:
los remordimientos del pasado y el miedo al futuro; ¡y la Palabra de Dios nos
prohíbe preocuparnos por cualquiera de las dos cosas! Si has recibido a Jesús,
eres hijo de Dios, y no hay nada por lo que debas preocuparte.
La preocupación es una señal de temor, y si tienes temor, es que no tienes fe. «El temor lleva en sí castigo» (1Juan 4:18), y la ausencia de fe puede ser a veces algo terrible y espantoso. Pero la fe en Dios, la confianza en Él, produce una sensación de reposo físico, paz interior, alegría de corazón y bienestar espiritual. Es la fe lo que evita las preocupaciones. Es la fe lo que aleja el temor. Jesús dijo: «No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en Mí» (Jn.14:1). ¡El principio de la fe es el fin de la preocupación! ¡Cuando confías en el Señor, sabes que Él se encargará de ti y que no tienes por qué preocuparte!
«¡No nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio!» (2Tim.1:7) ¡Por eso, encomienda tus caminos, tu vida, tu mente, tus pensamientos y tu tiempo, todo, al Señor! «¡Echa sobre el Señor tu carga y Él te sustentará!» (Sal.55:22) ¡Sus hombros son suficientemente amplios para llevar cualquier peso!
La preocupación es una señal de temor, y si tienes temor, es que no tienes fe. «El temor lleva en sí castigo» (1Juan 4:18), y la ausencia de fe puede ser a veces algo terrible y espantoso. Pero la fe en Dios, la confianza en Él, produce una sensación de reposo físico, paz interior, alegría de corazón y bienestar espiritual. Es la fe lo que evita las preocupaciones. Es la fe lo que aleja el temor. Jesús dijo: «No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en Mí» (Jn.14:1). ¡El principio de la fe es el fin de la preocupación! ¡Cuando confías en el Señor, sabes que Él se encargará de ti y que no tienes por qué preocuparte!
«¡No nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio!» (2Tim.1:7) ¡Por eso, encomienda tus caminos, tu vida, tu mente, tus pensamientos y tu tiempo, todo, al Señor! «¡Echa sobre el Señor tu carga y Él te sustentará!» (Sal.55:22) ¡Sus hombros son suficientemente amplios para llevar cualquier peso!
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